MonteInferno 4: Demonios Mayores

 

En las profundidades del inframundo, donde la luz jamás osa descender, tres demonios sirven al Gran Señor Sthauron, portadores de su voluntad y heraldos de la ruina.

 




Sharknüm, el Devorador de Pecados, vaga entre los lamentos eternos. Su cuerpo es cadavérico, sin rastro de carne, sólo hueso ennegrecido por antiguas blasfemias. De su espalda cuelgan alas raídas como estandartes de muerte, y en sus manos huesudas descansa una guadaña que siega no cuerpos, sino culpas. Allí donde pasa, los condenados sienten sus pecados ser arrancados de sus almas… y con ellos, su última esperanza.




 

Sharnaghüll, el Embaucador, es quien alimenta el hambre del abismo. Esbelto como una torre profana, con grandes alas membranosas y brazos interminables rematados en garras colosales, surca los mundos mortales disfrazado de promesa y deseo. Seduce, engaña y cosecha carne y almas, llevándolas a las fauces de los demonios. Su risa, dulce como miel envenenada, precede siempre a la desaparición de los incautos.





 

Y en las sombras que ni siquiera el fuego infernal ilumina, mora Shandor, el Hechicero. Sus ojos arden con conocimiento prohibido, y sus palabras son susurros que quiebran la razón. Con un gesto, siembra paranoia; con un conjuro, desata el caos. Ejércitos enteros han caído sin espada alguna, destruidos por la locura que Shandor libera en sus mentes.




 

Juntos, los tres inclinan la cabeza ante Sthauron. Donde su señor señala, ellos llevan hambre, engaño y demencia. Y cuando los portales del inframundo se abran por completo, sus nombres serán lo último que escuche el mundo antes de arder.




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